.MINANCIA.

.arte, tirando a ácaro.



.habitantes habitados en la inhospitanzia clínica severa,
.por alfredo minancia, "Mr. Oipolacsum y Barbaverde
afilan las navajas sirviéndose de una lengua de vaca
..."

R. OIPOLACSUM: HABITANTE DE MINANCIAMr. Oipolacsum descendía las crujientes escaleras que separaban su departamento de la calle. Tenía planeado caminar por la ciudad... Por cierto, en una ciudad como Zorrabunda De Minancia, cuando alguien tiene planes que incluyan el hecho de tener que caminar por la calle, todo suele salir al revés. Es por esto que Mr. Oipolacsum solo se limitó a pensar en caminar... Solo se limitó a pensar en... Solo se limitó...

Cuando estaba a punto de aferrar el grasiento picaporte de la puerta de salida, una “prima” le pateó justo en los testículos (En Minancia, “Prima” se les llama a las prostitutas que son intocables por el hecho de ser grotescamente feas ó de estar respaldadas por una brigada de proxenetas violentos). Así que mientras Mr. Oipolacsum se retorcía en el suelo, la “prima” le sustrajo el poco dinero que tenía en los bolsillos y salió disparada por la puerta.

- ¡Ampolla de laboratorio secreto del gobierno! ¡Bolsón de suciedades sanguíneas! – Aulló dolorido, mientras se tambaleaba apoyándose contra una pared que exhibía un millar de nombres y fechas marcadas con navajas...

Tras haber gimoteado unos minutos, se repuso y abrió la puerta a patadas, que quedó colgando atravesada sosteniéndose de la bisagra superior. Cuando sus ojos se acostumbraron a la bruma verde, el panorama de la ciudad se le presentó… Por la calle circulaban carrocerías oxidadas de automóviles desvalijados tirados por niños desnudos y caballos esqueléticos; en el interior podía verse como los hombres privilegiados acomodaban en los asientos traseros las ganancias de todo un día de saqueos… Apostadores harapientos maldiciendo las bolillas de las ruletas callejeras donde el azar se manifiesta como un dilema indescifrable… Desfiles de sombreros viejos y cabellos sucios que se asoman por detrás de las tapias inundadas de afiches que enseñan el rostro de carismáticas figuras políticas enseñando nauseabundas sonrisas que se abren bajo una siniestra mirada de complicidad… Vagabundos que se pierden en la neblina de los terrenos baldíos, entre montañas de basura y cadáveres de perro… Predicadores de la mudez, fanáticos profetas de la rapiña, malabaristas mutilados, cardúmenes de viscosas prostitutas espolvoreando la cara de todas las esquinas...

- Ah, mi ciudad. – Suspiró soñadoramente Mr. Oipolacsum mientras mordía una manzana.

Se detuvo frente a una cabina de sexo oral y depositó el tronco de la manzana en el agujero destinado a los pagos (Las cabinas de sexo oral, al menos las de aquella zona de la ciudad, consisten en una caja de cartón con dos agujeros arrimada a una pared). El tronco de la manzana volvió a salir. Desde el interior de la caja se oían las quejas de una mujer...

- ¡Estoy cansada! ¿Es que ya ni siquiera son capaces de arrojar algunos pocos centavos?...
La caja se levantó repentinamente y reveló la desgraciada figura de una anciana que, después de escupir en los zapatos de Mr. Oipolacsum, se alejó aullando insultos hacia el indiscernible cielo de Minancia, mezcla de humos y gases corrosivos.

- ¡Centavos! ¡Qué pretenciosa! – Exclamó Mr. Oipolacsum mientras se limpiaba los zapatos con un pañal.
 
- Pálidos ciudadanos. El cemento endurece sus propias condiciones. Asesinatos vergonzosos. Verdes razones variadas educan cráneos para después marginarlos. Inimaginables robos sueltos. Desprotegidos ante la maquinaria de la gran memoria...

El vagabundo vibraba con el movimiento del tren. A Mr. Oipolacsum acudió la imagen de un brujo en estado de trance que balbucea el contenido de sus visiones...

- Tiempos quemados por el ardor de la ráfaga anaranjada. Sopesan y dominan desde cráneos inmemoriales, lanzando insurrectos espacios hacia la calle, donde todo es improbable. Malos momentos...

El vagabundo miró súbitamente a Mr. Oipolacsum, escudriñándolo detenidamente a través de dos ojos que se asomaban por detrás de una montaña de pliegues sucios...

- Malos tiempos. – Dijo arrastrando ambas palabras como un par de serpientes muertas...
- ¡Boletos, boletos, enséñenme sus boletos ó aténganse a las consecuencias, boletos, boletos! - El guarda vociferaba y a la vez agitaba uun palo de madera repleto de clavos salientes… Lo seguían una manada de uniformados con picanas portátiles…
- ¡Boletos, boletos! -...

Un tipo se puso de pie y afirmó que no tenían derecho a cobrar un boleto cinco veces más caro que en cualquier otra parte del mundo… Poco después salió despedido por una ventanilla justo cuando el tren atravesaba por encima del río...

- ¿Ven ustedes, pasajeros de nuestro impecable servicio estatal, por qué se les cobra un boleto? No tienen por qué viajar con esta clase de degenerados insolentes, ¿O sí?... Del hecho de que ustedes paguen sus boletos depende su seguridad, que está a cargo de nosotros… Y nosotros tenemos que comer… ¡Boletos, boletos, enséñenme sus boletos ó aténganse a las consecuencias, boletos, boletos! -...
 

.continuar el relato.

por: alfredo minancia

.continuar el relato.

CARMEN BURGUESS, REY SALOMEM, BOSQUE CLÍNICO, ARTE ÁCARO, COLLAGES, COLLAGEZ, RECORTE LITERARIO, CUT-UP, EME=M


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